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Existen varios caminos para ayudar al prójimo,
aunque a grandes rasgos son dos los más usuales al ser testigos de una actitud que éste toma:
- Marcándole sus errores y diciéndole que
hacer ó,
- Felicitando sus logros y así alentarlo a que
continúe en esa senda.
Por supuesto que la última opción es la
correcta.
Mi amigo y compañero de varias e intensas vivencias
Oscar Pastor que, para hacer honor a su apellido es pastor evangélico, al comentarle sobre una actitud que tomé hacia mi u otra persona y a su
entender resultó positiva, la expresión espontánea que me brinda es: "¡Gloria a Dios!" en claro gesto de aprobación. De esta
manera y a sabiendas de su estilo, consolida mi postura y me alienta a seguir en esa dirección.
Con mis hijos incluso adopto la misma forma, e incorporo para los
desaciertos que cometen básicamente la siguiente pregunta:
"¿Que opinas sobre esto que hiciste?
Al principio fue complejo contener el impulso negativo a
castigarlos o marcarles el paso diciéndoles qué deben hacer, y también fue arduo para ellos que se sinceren, pero al poco tiempo comenzamos
todos a "darnos cuenta" de los beneficios que trae esta estrategia, y créanme es un excelente método de enseñanza, no solo nuestros hijos
asumen la falta sino que, todos incorporamos responsabilidad creativa y pacificadora en nuestras acciones.
Mis padres utilizaron el marcar puntualmente los errores con
castigos, voz elevada, enojos, supongo que muchos de ustedes sabrán de lo que hablo. Por supuesto no juzgo ni bien ni mal a este método, es el que
supieron aplicar con todo el afecto del mundo hacia sus hijos; entiendo a este sistema arcaico y basado en conceptos restrictivos de enseñanza que no
comparto.
De más está decir que el amor y respeto que guardo
hacia mis padres es pleno, y libre de rencores que resolví al comprenderlos.
A partir de este enfoque tomé la decisión
de "dejar de marcar los desaciertos de otros" luego de plantearme al respecto que, si alguien comete un error por el motivo que sea, ¿Es correcto que le
genere mas angustia, con mi marcación dura sobre el hecho? y la verdad que no me parece adecuado hacerlo incluso, considero obsceno inmiscuirme de forma
directa en el camino de aprendizaje del otro resaltando las faltas que comete.
Cada tránsito de vida es único e irrepetible, al igual que nuestro
aprendizaje que solo a nosotros nos beneficia, y la forma válida de transmitirlo es, a través del propio ejemplo.
De igual forma reflexioné sobre las actitudes de terceros hacia mi: si alguien
me dirige un ataque de cualquier tipo: directo o indirecto, frontal o subrepticio, mediocre o con altura; entiendo que el impulso de ese embate fue por un "mal
sentir" de esa persona entonces, si alguien tuvo un mal sentir por el motivo que fuera, ¿Es justo que respondamos con la misma zaña?
Y en verdad que no es justo, claro que esta enseñanza no se
logra fácilmente, y tiene sus costos.
Me di cuenta que, las personas nos agreden por una distorsión
de su propio ego, y no es de buena gente responder a un ataque con otro, tampoco es una actitud recomendable para nadie sino todo lo contrario: con compasiva
comprensión de esa actitud a sabiendas de la ignorancia del otro, obtendremos mejores resultados deteniendo en seco a ese "mal sentir".
Y digo con "compasiva comprensión" porque, nadie da los pasos
por nadie, nadie toma experiencia por otro, y cada uno de nosotros rendimos cuenta exclusivamente de nuestros actos.
Así que en definitiva si nos preocupamos demasiado en apuntar los errores
que los demás cometan, no solo equivocaremos el juicio, sino que estaremos restándole tiempo a nuestro propio camino o sea, lo estaríamos
evitando usando de excusa lo que "afuera ocurre".
Estoy convencido que solo competimos con nosotros mismos, siempre, y con nadie
mas.
Claro que este aprendizaje no resulta gratis, nos llega luego de golpearnos
tantísimas veces con la misma piedra, y al darnos cuenta que, "Nadie se encuentra en nuestro camino de evolución"..., ¿Cómo
podría competir con nosotros?. ¡Imposible hacerlo!
Cada quien tiene su propia meta, y en este sentido la mejor ayuda a
nuestro semejante es: Realizar una toma de conciencia personal, y fomentar actitudes correctas transitando una vida ejemplar.
La competencia personal de cada uno es, superar las propias
miserias reforzando nuestras propias virtudes, y adoptando otras que no tenemos aún y que serán necesarias para nuestro camino de
evolución.
Ricardo Benedetti
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