Rosa mexicano...¿De verdad muy mexicano?



Por. Pedro Honestrosa


Con gran algarabía en un restaurante de empresarios alemanes, con una bebida china, ropa de nuestros hermanos del norte y un acento “afresado” en donde se incluye el tan ahora recurrente spanglish, nos atrevemos a decir ¡Viva México!


¿Que ridiculez?, se dice que los mexicanos somos muy fiesteros, lo cual no se niega y de que manera lo hacemos.

Hace unas semanas venerábamos a nuestros fieles difuntos, una tradición nacional. No obstante, la festividad de noche de brujas ha invadido cada vez más esta eventualidad, no hay ofrenda sin calabazas, brujas o personajes del séptimo arte hoollywoodense cómo Chucky, el muñeco diabólico.  

Lo mismo sucede ahora con las fiestas navideñas, centros comerciales que desde el mes de noviembre nos dicen que ha llegado la navidad, que la navidad es eso, compras y abrazos acompañados de Santa Claus y muñecos de nieve.

Pero eso si, el ponche una adopción de nuestros antepasados o las piñatas no pueden faltar; tenemos que acabar con los siente pecados capitales, mejor deberíamos erradicar nuestra ignorancia.

Y así se repite pero nunca se acaba la historia, al contrario cada año se argumenta. La pregunta de los cien millones de dólares, bueno de pesos, ¿Dónde esta nuestra identidad, a caso hemos trasgredido nuestra cultura social y política?

A todo esto ¿sabemos que es identidad nacional? debe existir una nación, en dos sentidos estrictos, la nación política, en el ámbito jurídico-político, es el sujeto político en el que reside la soberanía constituyente de un Estado.

Por otro lado, la nación cultural, es un concepto socio-ideológico, se puede definir a grandes rasgos como una comunidad humana con ciertas características culturales comunes a las que dota de un sentido ético-político y territorial.

 Es un tema complicado y difícil hasta para los teóricos de la comunicación y sociólogos, lo que si es fácil observar es el proceso de perdida de tal identidad, no se trata de tener replicas fotográficas de Pancho Villa en la sala de nuestros hogares, ni tampoco culpar a la globalización.

En realidad es ignorar la cultura nacional lo que nos lleva a esto, si bien no sabemos –no generalizando- quienes somos, a donde vamos o qué queremos hacer, pues menos nos va preocupar de dónde venimos.

La identidad se va gestando desde que somos pequeños, de darle valores a nuestros objetos simbólicos y a un respeto por lo que hacemos y no discriminar a nuestra propia raza, pero cómo realizar estas acciones si los padres de los jóvenes de ahora poseen influencias norteamericanas o sudamericanas.

Ya sea en la música o en el pensamiento, no los toman como ejemplos, si no como estándares y patrones enalteciéndolos y comparándolos con lo nuestro minimizando este último.

 “Es mejor lo que se hace allá, ellos si saben que onda con su vida, ves aquí estamos todos jodidos, estudia para que te vayas al extranjero”, son frases y frases que son cotidianas y aparentemente nunca suenan peyorativas o discriminatorias ni serán si continuamos así.

¿Quién se acuerda de Justo Sierra? un luchador por la identidad nacional, así como ideólogo de la educación y pilar de la autonomía universitaria de nuestra máxima casa de estudios la UNAM, es el caso de Andrés Henestrosa, promotor de los valores nacionales a través de sus letras en la música enalteciendo a la muerte en su poesía muy peculiar, haciendo de la raza cósmica de la cultura zapoteca un decoro.

Pablo Moncayo, José Alfredo Jiménez o Guadalupe Trigo, aquel creador de la melodía “Mi ciudad”, si el tema que hace un año interpretó Luis Miguel y que puso de moda en las radiodifusoras del país del exitoso álbum México en la piel, el cual vendió más de 1 millón de copias por su “contenido mexicano”.

Griselda  Álvarez ¿alguien sabe de ella, aun existe? Si, se encuentra delicada de salud pero aun vive y todavía comparte su pensamiento, ella es la primera mujer que logró ser gobernadora de un Estado, el de Colima, una mujer triunfadora y que pone a la mujer en las filas de la política en México, un tema que aun es opaco y que poco se habla.

 

Prueba de ello, es en el pasado encuentro Decodificando la comunicación” en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, en donde en una mesa se hablo del papel de las mujeres en los medios, las asientes feministas no sabía mucho de la existencia de mujeres mexicanas que han impulsado el derecho de las mismas o quizá no quisieron hablar de ellas.

El caso es que la identidad no es muy notable en nuestra vida cotidiana, ya lo decía Octavio Paz en “El laberinto de la solead” (premio novel de literatura) que hablaba de la ideocincracia de los mexicanos.

Lo de México hoy y lo importado también es Frida Kalho, Rufino Tamayo, Pedro Infante y Paulina Rubio. Lo cual no es malo, ellos son mexicanos y forman parte de nuestra cultura, pero olvidamos a los iniciadores. Es el caso de Alfaro, Diego Rivera, Agustín Lara y en fin tantos nombres que no sería finita la lista.

Con el mariachi nos identificamos ¿Qué quiere decir mariachi? el mismo canta-autor más reconocido de la música contemporánea nacional Juan Gabriel lo dice en su canción el principio –nada conocida- que es vestirse de fiesta en la lengua otomí.

Es más tenemos una flor y un color que también desconocemos las generaciones de jóvenes que vivimos en el siglo XXI, ella es la Dalia, una flor que se da en diferentes matices muy grande y bella. Nuestro color; el rosa mexicano.

Un color que se le acuña el titulo mexicano por su expledorosidad y vida que ostenta, de cierto modo nos remite al color de las piñatas de las posadas, a los rebozos de Tepic, los manteles de San Juan de los Lagos o a los adornos elaborados de hojas de maíz pintados con este color de San Miguel de Allende o quizá al recordar a la actriz mexicana María Félixen una de sus películas vestida de revolucionaria. 

Eso si, si dices fiusha en vez de rosa mexicano se ve escucha maschic o de socialité, aquel color que se ve en las bolsas del almacén exclusivo “Liverpool”. También utilizado para le nuevo disco y espectáculo teatral-musical de la soprano mexicana Regina Orozco, quien le hace homenaje a nuestras mexicaneidades, a la Malinche ya la salsa Valentina. ¿A poco no la conocemos más que la borracha o la de pepita verde?

Pues, si estamos perdidos en eso de conocernos, en un país como el de México convergen más de cincuenta lenguas, y cientos de estereotipos por nuestra milticulturalidad y pluralidad, pero poco a poco estamos extinguiéndolas por no querer rescatar nuestra génesis nacional.

Cierto es que cada interpretación de nuestra cultura viene de cada quien como lo dice el sociólogo también mexicano Thomsom, pero esto sucederá siempre y cuando tengamos una identidad que nos identifique (valga la redundancia) y de la cual nos orgullezca.

 






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