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¿Que ridiculez?, se dice que los
mexicanos somos muy fiesteros, lo cual no se niega y de que manera lo hacemos.
Hace unas semanas venerábamos a
nuestros fieles difuntos, una tradición nacional. No obstante, la festividad de noche de brujas ha invadido cada vez más esta eventualidad, no hay
ofrenda sin calabazas, brujas o personajes del séptimo arte hoollywoodense cómo Chucky, el muñeco diabólico.
Lo mismo sucede ahora con las fiestas
navideñas, centros comerciales que desde el mes de noviembre nos dicen que ha llegado la navidad, que la navidad es eso, compras y abrazos acompañados de
Santa Claus y muñecos de nieve.
Pero eso si, el ponche una adopción de
nuestros antepasados o las piñatas no pueden faltar; tenemos que acabar con los siente pecados capitales, mejor deberíamos erradicar nuestra
ignorancia.
Y así se repite pero nunca se acaba la
historia, al contrario cada año se argumenta. La pregunta de los cien millones de dólares, bueno de pesos, ¿Dónde esta nuestra identidad, a
caso hemos trasgredido nuestra cultura social y política?
A todo esto ¿sabemos que
es identidad nacional? debe existir una nación, en dos sentidos estrictos, la nación política, en el
ámbito jurídico-político, es el sujeto
político en el que reside la soberanía
constituyente de un Estado.
Por otro lado, la nación cultural, es un concepto socio-ideológico, se puede definir a grandes rasgos como una comunidad humana con ciertas características culturales comunes a las que dota de un sentido ético-político y territorial.
Es un tema
complicado y difícil hasta para los teóricos de la comunicación y sociólogos, lo que si es fácil observar es el proceso de perdida
de tal identidad, no se trata de tener replicas fotográficas de Pancho Villa en la sala de nuestros hogares, ni tampoco culpar a la
globalización.
En realidad es ignorar la cultura
nacional lo que nos lleva a esto, si bien no sabemos –no generalizando- quienes somos, a donde vamos o qué queremos hacer, pues menos nos va preocupar de
dónde venimos.
La identidad se va gestando desde que somos
pequeños, de darle valores a nuestros objetos simbólicos y a un respeto por lo que hacemos y no discriminar a nuestra propia raza, pero cómo
realizar estas acciones si los padres de los jóvenes de ahora poseen influencias norteamericanas o sudamericanas.
Ya sea en la música o en el
pensamiento, no los toman como ejemplos, si no como estándares y patrones enalteciéndolos y comparándolos con lo nuestro minimizando este
último.
“Es mejor lo que se hace allá, ellos si saben que onda con su vida, ves aquí estamos todos jodidos, estudia para que te vayas al
extranjero”, son frases y frases que son cotidianas y aparentemente nunca suenan peyorativas o discriminatorias ni serán si continuamos
así.
¿Quién se acuerda de Justo
Sierra? un luchador por la identidad nacional, así como ideólogo de la educación y pilar de la autonomía universitaria de nuestra
máxima casa de estudios la UNAM, es el caso de Andrés Henestrosa, promotor de los valores nacionales a través de sus letras en la música
enalteciendo a la muerte en su poesía muy peculiar, haciendo de la raza cósmica de la cultura zapoteca un decoro.
Pablo Moncayo, José Alfredo
Jiménez o Guadalupe Trigo, aquel creador de la melodía “Mi ciudad”, si el tema que hace un año interpretó Luis Miguel y que
puso de moda en las radiodifusoras del país del exitoso álbum México en la piel, el cual vendió más de 1
millón de copias por su “contenido mexicano”. Griselda
Álvarez ¿alguien sabe de ella, aun existe? Si, se encuentra delicada de salud pero aun vive y todavía comparte su pensamiento, ella es la primera
mujer que logró ser gobernadora de un Estado, el de Colima, una mujer triunfadora y que pone a la mujer en las filas de la política en México, un
tema que aun es opaco y que poco se habla.
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Prueba de
ello, es en el pasado encuentro Decodificando la comunicación” en la Facultad de Ciencias Políticas
de la UNAM, en donde en una mesa se hablo del papel de las mujeres en los medios, las asientes feministas no sabía mucho
de la existencia de mujeres mexicanas que han impulsado el derecho de las mismas o quizá no quisieron hablar de ellas.
El caso es que la identidad no es muy notable
en nuestra vida cotidiana, ya lo decía Octavio Paz en “El laberinto de la solead” (premio novel de literatura) que hablaba de la ideocincracia de
los mexicanos.
Lo de México hoy y lo importado
también es Frida Kalho, Rufino Tamayo, Pedro Infante y Paulina Rubio. Lo cual no es malo, ellos son mexicanos y forman parte de nuestra cultura, pero olvidamos
a los iniciadores. Es el caso de Alfaro, Diego Rivera, Agustín Lara y en fin tantos nombres que no sería finita la lista.
Con el
mariachi nos identificamos ¿Qué quiere decir mariachi? el mismo canta-autor más reconocido de la música contemporánea nacional Juan
Gabriel lo dice en su canción el principio –nada conocida- que es vestirse de
fiesta en la lengua otomí.
Es más tenemos una flor y un color que
también desconocemos las generaciones de jóvenes que vivimos en el siglo XXI, ella es la Dalia, una flor que se da en diferentes matices muy grande y
bella. Nuestro color; el rosa mexicano.
Un color que se le acuña el titulo mexicano por su expledorosidad y vida que ostenta, de cierto modo nos remite al color de las
piñatas de las posadas, a los rebozos de Tepic, los manteles de San Juan de los Lagos o a los adornos elaborados de hojas
de maíz pintados con este color de San Miguel de Allende o quizá al recordar a la actriz mexicana María Félixen una de sus películas vestida
de revolucionaria.
Eso si, si dices fiusha en vez de rosa mexicano se ve escucha maschic o de socialité, aquel color que se ve en las bolsas del
almacén exclusivo “Liverpool”. También utilizado para le nuevo disco y espectáculo teatral-musical de la soprano mexicana Regina
Orozco, quien le hace homenaje a nuestras mexicaneidades, a la Malinche ya la salsa Valentina. ¿A poco no la conocemos más que la borracha o la de
pepita verde?
Pues, si estamos perdidos en
eso de conocernos, en un país como el de México convergen más de cincuenta lenguas, y cientos de estereotipos por nuestra milticulturalidad y
pluralidad, pero poco a poco estamos extinguiéndolas por no querer rescatar nuestra génesis nacional.
Cierto es que
cada interpretación de nuestra cultura viene de cada quien como lo dice el sociólogo también mexicano Thomsom, pero esto sucederá siempre y
cuando tengamos una identidad que nos identifique (valga la redundancia) y de la cual nos orgullezca.

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