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Arte, simple palabra de
cuatro letras, pero tan compleja en su estructura, que hoy en día es difícil determinar lo que merece el título de artístico. La
concepción más adecuada a estos señalamientos sería definir al arte como una “actividad de la inteligencia por la que se
expresa la creatividad y sentimientos con signos o acciones que intentan un efecto comunicativo de múltiples niveles, no sometida a reglas
concretas.”
La moda sigue al pie de la letra tal cosmovisión. Los diseñadores
crean ropa que le darán movimiento, identidad y valor a quien la adquiera. Nadie les dice como diseñar, se dejan llevar por el momento y
expresan toda su creatividad en metros de tela.
La moda comenzó su romance con el arte en los años veinte, en el
momento en que diversos movimientos artísticos se alejaron de los lienzos y de la palabra escrita, para abarcar los objetos.
El surrealismo fue una de las primeras corrientes que se erigió en la
moda, pues lo que cubría al cuerpo era esencial para esta tendencia de vanguardia. El Conde de Lautréamont describía
el glorioso encuentro de ambas expresiones: “Tan hermoso como el encuentro fortuito de una máquina de coser y una sombrilla sobre una mesa de
disección:”
Si nos remontamos a comienzos del siglo pasado, encontramos que la industria del
vestido ha contado con la colaboración de diversos genios como diseñadores y artistas plásticos.
Las revistas de moda descubrieron que un esfuerzo de la imaginación era
capaz de producir infinidad de páginas de brillante inventiva trascendental. Vogue fue una las primeras publicaciones que
utilizó esta fórmula de la mente humana para obtener un status más artístico.
Sus primeras portadas eran ilustradas por los maestros más importantes de
aquella época. Entre sus filas contaron con las colaboraciones de artistas como Salvador Dalí, Picasso y Giorgio de
Chirico. Actualmente se han sustituido las ilustraciones de las portadas por fotografías de amplio valor estético, pero aquellos dibujos de los
comienzos de la revista se consideran un gran legado para el arte.
En esta percepción, los fotógrafos han descubierto posibilidades
infinitas. Steven Meisel, David Lachapelle, Patrick Demarchelier, Annie Leibowitz y Mario Testino son artistas de la cámara que han sabido convertir
las editoriales de las revistas de moda más importantes en crisoles de ingenio fotográfico y correcta estética
aplicada.
“La moda no es un
arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista,” decía el diseñador Yves Saint-Laurent, uno de los más
importantes de mitades del siglo XX. Lo contradictorio es que el diseñador francés le dio un hijo al arte: el estilo Mondrian, movimiento basado en sus diseños étnicos y rico en colores
psicodélicos.
Pero otros artistas del
diseño también han mezclado moda y arte de manera apasionante, gracias a lo que se llama haute couture. Esta división
de la moda, se caracteriza por construcciones de tela con sentido artístico y artesanal, gracias a que en su confección se utilizan textiles
de la más alta calidad, extrema atención de los detalles y acabados, pero sobre todo, técnicas a mano que implican bastantes horas de
tiempo.
“La costura es arte. Hay texturas, color, tiene algo de
arquitectura, y todo eso no se improvisa: lo importante es la idea,” decía el modisto Manuel Piña al momento en que adjetivaba su
última colección como “pintura, escultura y poemas de amor.”
Según los expertos, la compleja relación moda-arte no queda del
todo esclarecida. Lo cierto es que la tendencia actual forja una simbiótica unión donde ambas expresiones de la creatividad humana se
retroalimentan una a la otra.
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El arte necesita de la moda. La exposición Skin+Bones
refleja el paralelismo que existe entre la arquitectura y el vestido, pues recoge 300 muestras de alta costura y maquetas a escala de grandes edificios,
perfilados en la época actual de saltos culturales en la moda y la construcción.
En 2006 la casa Louis Vuitton invitó a nueve artistas a reinventar los bolsos más clásicos de
la firma, otorgándoles la posibilidad de inmortalizar el tradicional Monograma de la maison en diferentes técnicas y materiales.
El resultado fue una exposición en El Espace Louis
Vuitton, que reflejó la pasión por lo fashion y el arte de la arquitecta Zaha hadid; el experto en artes visuales, Ugo Rondinone; y la
diseñadora plástica Andrée Puttman. Una clara muestra de la estrecha relación de la moda con en el mundo del arte, por si no te
había quedado claro.

Los genios del arte han probado ser una de las mejores inspiraciones para la
moda, por ello han creado desde portadas de revista hasta diseños que se sumergen en la relación infinita de ambos mundos. Por su parte los
modistas han sabido utilizar los preceptos del arte para plasmar su creatividad sobre la tela, cual un pintor en el lienzo. La referencia obligada de esta
percepción creativa, más que intelectual, es la diseñadora Elsa Schiaperelli.
Conocida como la enemiga de Coco Chanel,
Schipirelli fue una mujer que se alejó del convencionalismo, puesto que quería vestir a las mujeres con prendas actuales e innovadoras. Sus
creaciones iban más allá de prendas para cubrir el cuerpo; eran originales, barrocas y sumamente artísticas.
Famosa por sus zapatos invertidos y sombreros en
forma de tintero, era una amante del surrealismo. Su amor por el arte la llevó a colaborar con Salvador Dalí en un célebre vestido
estampado con langostas. Schiapirell fue la única mujer capaz de unir moda y arte.
Crear y hacer moda es un arte. El arte no puede ser
creado por cualquiera y muy pocos sobresalen en el camino. Quienes destacan en la moda son aquellos autores de impactantes y originales diseños, que
provocan las mismas interpretaciones y emociones que se tienen al mirar un cuadro.
Lo que atrajo del arte a los creadores de moda fue el ingenio, colores y la
originalidad de usar objetos cotidianos en la costura. El arte adoptó la moda con facilidad, mientras que otros movimientos del pensamiento como la
ciencia la consideraban insustancial.
Amanda Fortín de la revista Slate ya comprendía la relación moda-arte al tomar de referencia a la revista Vogue: “La mayoría de nosotros no la leemos con la intención de comprar la ropa tan cara, sino porque al hacerlo
educamos nuestros ojos y afilamos nuestro gusto, de manera similar en la que degustar comida gourmet refina el paladar.” Esta afirmación también aplica con otras expresiones de
la moda como la ropa –especialmente la haute couture- y la fotografía.
Alguna vez Valentino afirmó que “la moda se hizo para resaltar la belleza de la mujer,” lo cierto es que el arte
también cumple con tal función al enriquecer el conocimiento humano. Ya sea en la fotografía, el diseño o la
arquitectura, la moda es el reflejo del poder humano para crear una estética capaz de evocar reflexiones y emociones frente a quien se exponga a sus
encantos. La moda está presente en nuestra vida desde que nacemos, el arte
también. La mayoría sabe de Picasso, del estilo barroco; pero también de Chanel y es que como dice Nigle de The devil wears Prada: la moda reúne a los mejores artistas del siglo y es aún mejor que el arte porque vivimos con ella. Ambas manifestaciones son fundamentales
en nuestras vidas; así que apoyémonos de la moda para hacer de nuestra
existencia una obra de arte.
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