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Fantasías
sexuales…

Una
fotografía del deseo
Mtra. Ancira Donaí Dueñas
Psicoterapeuta Gestalt
Hoy por
hoy, son consideradas un hecho normal e inherente en la vida de toda mujer u
hombre, son parte importante de nuestra sexualidad, y éstas si bien es cierto
no guardan una relación directa con la satisfacción o insatisfacción de
nuestras relaciones sexuales, cuando me permito que existan, cuando las
construyo en mi mente, cuando las comparto con mi pareja o cuando las llevo a
cabo, facilito que mi cerebro genere una serie de sustancias y compuestos
químicos que me hacen estar siempre dispuesta a vivir mi sexualidad y me hace
“mágicamente” más atractiva para los demás.
En las fantasías no hay límite y
todo está permitido, la única censura es la que nosotras mismas nos imponemos,
en ellas existen una amplia lista de deseos, emociones placenteras y
excitantes, pueden variar en contenido, detalles y duración. Pueden utilizarse
para inducir o aumentar la excitación sexual, tanto en solitario como con la
pareja, pudiendo llegar a tener una relación más apasionada y variada en
contenido y formas.
El contenido de las fantasías puede
estar influido por la propia aceptación, por la creencia de cómo vivir la
sexualidad y por el grado de culpabilidad que se produzca por tener esas fantasías
por ello, en ocasiones se producen conflictos personales entre lo que pensamos
y lo que sentimos, reprimiendo estas fantasías.
Es importante saber algo, hombres y
mujeres… somos muy diferentes al momento de fantasear, lo que no significa que esté bien o este mal, simplemente, somos
diferentes y saber en qué somos diferentes a nuestra pareja nos permite poder
compartir SUS y NUESTRAS fantasías sin miedo a ser jugadas o sin la idea de que
el otro está mal.
Por ejemplo, en los hombres es más frecuente
que las fantasías sean más impersonales, más visuales y más activas, sin tantos
detalles que denoten emoción o sentimientos, mientras que las fantasías en las
mujeres tienden a ser más detalladas, en algunas ocasiones incorporando en la
fantasía a nuestra pareja sí es que la hay, y suelen ser románticas, es decir,
las construimos con la precisión del color de la ropa que traemos puesta, el
olor del lugar, la temperatura, el orden de las caricias, y sobre todo jugando
un rol de pasividad donde es el otro el que llega y nos poseen.
Sí decimos que las fantasías
masculinas se caracterizan por ser situaciones donde ellos son muy
participativos y controlan la situación y las mujeres las construimos desde el
deseo de ser pasivas y controladas, he aquí las más frecuentes en ellos: hacer
un trío con 2 mujeres, participar en una orgía, tener relaciones sexuales donde
no comúnmente lo hacen, tener sexo con una mujer que al verla la sedujeron.
Ahora las fantasías más comunes en
nosotras las mujeres son: pensar que está siendo
objeto de un abuso, ya sea con un hombre o más de uno, teniendo relaciones
sexuales con otra mujer, hacer el amor en el bosque donde haga frío, cerca de
una chimenea con su pareja o una persona que le atraiga, hacer el amor en la
orilla de la playa, desnudos y que el agua toque sus pies.
Si bien es cierto son las más constantes y repetitivas, pero esto no
significa que, si el contenido de
nuestras fantasías es completamente diferente, o que el contenido sea más usual
en hombres, etc, significa que estemos mal o enfermas, muy por el contrario si
las platicas con tu pareja es probable que generes un nivel de excitación tal
al estar teniendo sexo, que el momento, a pesar que solo estén ustedes dos en
la cama se vuelva de locura. Recuerda
que actuar por aproximaciones es bueno y poco a poco retomar tus fantasías o
sus fantasías puede incrementar el placer y el erotismo a tu relación de
pareja, y sí llegado el día desean llevarlas a cabo, no tiene nada de malo….
Ahora sólo hablen y vayan por la siguiente o repitan la anterior hasta que
sea como la desean.
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