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Amigos de VANITIPS. Hoy tengo la oportunidad de presentarme ante ustedes con el testimonio de una mujer que en estos tiempos vive uno de sus roles mas queridos y esperados.
Por una parte la realización de ser madre ocupada y preocupada por el bienestar de su familia. Por otra parte la de disfrutar del don de ser testigo de la continuidad de la vida a través de mi primer nieto varón. Después de haber criado a 3 hijas; Gloria de 27 años, ahora Diseñadora de Modas, Vania casi a punto de titularse como Diseñadora Gráfica y Fanny quien está en el mismo nivel que su hermana gemela y que en menos de un año se convertirá en Doctora., las dos últimas con 21 años. Casi por fin estoy cerca de sentir la satisfacción del deber cumplido como madre.
Y como ya no estamos en los tiempos de antes, en donde las abuelas a mi edad e incluso más jóvenes, daban por terminadas sus tareas en la vida y se sentaban a cosechar o tejer, a cuidar a los nietos, a contar historias pasadas y a ver como los demás vivían sus vidas; les participo de mi reencuentro con la pintura.

No se si le pase a muchas personas de mi edad, pero a mis 54, siento una gran alegría por emprender una vez más , una de las actividades más apasionantes , libres y auténticas que me han tocado hacer y disfrutar. Desde niña disfrute pintar a toda hora. Mi mente creaba paisajes y situaciones que luego trasladé al papel. En esos tiempos el arte no tenía cabida en mi vida familiar. Mis padres trabajaban muy fuerte como comerciantes para sacar a flote a una familia de 10 integrantes. Yo por lo tanto estudié comercio como primera carrera, inglés, francés y luego por mi cuenta la carrera de Periodismo y comunicación en la UNAM que dejé trunca al casarme. La crianza y el trabajo en un Restaurante Jarocho en sociedad con mi familia me tomó casi los primeros veinte años de mi matrimonio en donde al igual que mi madre lo hiciera, trabajé para sacar adelante a mi familia. Esta circunstancia sólo me permitió participar en talleres libres de pintura por varios años en donde realicé, retratos al óleo, especialmente de mis hijas y de todos los conocidos y desconocidos que confiaron en mí para hacerlo.
Hice varias exposiciones colectivas con paisajes, retratos, arte-objeto en vidrio en talleres de Vitro mosaico por encargo y vendiendo todo lo que producía, por placer pero también por supuesto por la satisfacción de que alguien se interesara en mi obra y quisiera pagar por ella.

Todo este tiempo fue así; hasta que llegó Diego mi nieto, a mi vida, de eso ya casi cuatro años., en los que mi mejor actividad ha sido verlo crecer con los ojos del que ya sabe por experiencia que la niñez no es para siempre. Bebiendo cada gota de la alegría e inocencia de este niño, recobré la mía. Jugando con él he descubierto de nueva cuenta el arco iris, el sol que puede tener cualquier forma o color, lo divertido que es hacer algo ya sea cantar, bailar, guisar, contar cuentos, pintar sólo por hacerlo, sin más pretensión que el momento que se vive, sin interés de ser reconocido, aplaudido o pagado por nadie. Así surgió la obra que presento a ustedes brevemente…jugando a pintar.
De la misma manera desearía pintar el mundo con los colores y la alegría de una niña, que dejó de serlo hace muchos ayeres y que hoy como abuela es el testimonio de las abuelas de estos tiempos, que todavía queremos decir, ser y hacer algo con nuestra vida, siendo parte del presente; en el que muchas o muchos retomamos nuestra verdadera vocación de continuar siendo niños y que dejáramos algún día para jugar a ser adultos llenos de responsabilidades y deseos . Ojala que tú también querido lector juegues a volver a ser niño. Te lo deseo con todo mi corazón.
Blanca Rosa Fernández Castro
Blancafer
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